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Nada es gratis  por Marta Jiménez


El 3 de octubre de 1990 culminó, simbólicamente, el proceso de Reunificación de Alemania, incorporándose la República Democrática Alemana (RDA), zona que se correspondía con la ocupada por la Unión Soviética tras al segunda Guerra Mundial a la República Federal Alemana (RFA), el resto del país que fue ocupado por Francia, Reino Unido y Estados Unidos.

El proceso de reunificación se inició con la pacífica protesta de los ciudadanos de Alemania oriental, (RDA) en 1989, logrando finalmente la apertura del Muro en Berlín que separaba ambos estados alemanes el 9 de noviembre.

Pero más allá de la voluntad popular, que sin duda tuvo gran repercusión en los sucesos que se fueron sucediendo, fue imprescindible la voluntad de las cuatro potencias aliadas de la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética. Estos cuatro países más los dos estados alemanes firmaron el tratado de unificación de Alemania, denominado popularmente Tratado de Dos más Cuatro “Zwei plus Vier Vertrag” rubricado el 12 de septiembre de 1990 en Moscú y que entró en vigor el 15 de marzo de 1991.

Es indudable que la firma del Tratado implicó numerosas negociaciones entre los países firmantes. De los muchos pactos alcanzados entre las partes, algunos de los cuales aún no han trascendido a la opinión pública, resultó especialmente sorprendente la revelación de un acuerdo entre Francia y la RFA: Francia exigió a Alemania su apoyo para la creación de la moneda única, cuando ésta nunca había sido partidaria del Euro, a cambio del apoyo francés a la reunificación alemana.

Esta noticia no es de rabiosa actualidad. Se publicó el año pasado en el marco de la conmemoración del vigésimo aniversario de la reunificación alemana en el semanario “Spiegel” bajo el título “El precio de la unificación” (“Der Preis de Einheit”) que obviamente resultó bastante polémica en el país germano.

Por desgracia, ello no ha trascendido más allá de las fronteras alemanas, quedando limitado su impacto a los fastos de dicho aniversario. Sin embargo, es innegable que hoy, en el contexto económico europeo, el acuerdo de antaño sobrevuela las cabezas de los actuales gobernantes de Francia y Alemania, sumergidos en pleno debate sobre el futuro del Euro.